Ir al contenido principal

Producción y consumo

Para nadie es un secreto que la industria farmacéutica constituye uno de los sectores de la economía con mayor crecimiento en la actualidad. Y es que dicho comportamiento no es simple coincidencia: el negocio es uno de los más lucrativos del momento y su sorprendente capacidad para generar utilidades parece no tener fin en el corto plazo. Además, las pocas empresas que controlan y dominan el mercado no van a desprenderse de él tan fácilmente, más aún cuando el sistema de patentes parece beneficiarlos al aumentar la exclusividad del sector y restringir el acceso de nuevos competidores.
Si bien es cierto que el diseño per se de las patentes busca proteger y preservar el desarrollo de avances tecnológicos e invenciones novedosas –a través de su concepción como derechos de propiedad exclusivos sobre creaciones intangibles de la mente humana (Lehman, 2013)–; la realidad en este caso es diferente. En la industria farmacéutica, las patentes ya no son vistas como incentivo al surgimiento de innovaciones que permitan la protección de la vida humana, sino más bien se han convertido en mecanismos restrictivos que, en últimas, benefician a las grandes corporaciones e impiden la aparición de progresos significativos en el tratamiento de enfermedades que no son consideradas “atractivas” para la industria.
El agravante de la situación es que esa dinámica tan cerrada y para nada equitativa representa un riesgo enorme para los habitantes de países cuyo nivel de vida sencillamente no permite ni siquiera la aparición de gastos mínima en materia de salud pública. Claro, es lógico pensar que las empresas pretenden maximizar sus ganancias monetarias en un proceso de producción y consumo que no es abierto y, por el contrario, concibe círculos viciosos de poder –incluso, no sería descabellado concebir a la industria farmacéutica como un oligopolio que busca en las naciones desarrolladas controlar el acceso a los medicamentos–; pero ¿dónde queda el fin último de la medicina? ¿cómo un negocio construido alrededor de un mercado que irónicamente debería ser público opacó por completo el propósito de la investigación médica? ¿por qué  la innovación es selectivamente motivada con derechos de propiedad y no mediante el impulso humano de salvaguardar la integridad de sus pares? ¿en qué punto se volvió difusa la frontera existente entre la vida humana y la necesidad inherente de acumular dinero?

Los cuestionamientos anteriores, sin duda alguna, son tan solo una demostración de núcleo central del conflicto de valor referido. Por ello, es de vital importancia analizarlo y proponer críticas constructivas cuyo trasfondo a largo plazo focalice sus esfuerzos en la delimitación de una sociedad más justa, considerada y benevolente.


^Imagen recuperada de: http://www.globalasia.com/wp-content/uploads/2013/08/industria-farmaceutica.jpg

Comentarios